jueves, 19 de septiembre de 2013

Jueves

Manuel disimulaba las ganas de fumar, para que yo no caiga en la tentación. Se ponía caramelos en la boca, uno detrás del otro, de colores, de goma, masticables. Que no tenía antojo -decía- y sonreía por lo bajo, levantando la ceja izquierda. Odiaba las películas románticas y el olor a jazmín. Planeábamos viajes en globo que no íbamos a realizar nunca, pero se convencía y me convencía -a veces- de algún modo. Arrastraba las botamangas de los pantalones, y usaba los cordones desatados. Manuel decía que todo iba a marchar bien, que no eran tan malos los vicios, que la música nos conectaba, que la televisión nos pudría la cabeza. Pero -sobre todo- decía que todo iba a marchar bien.
Si marchar bien significa -exactamente- este insomnio y esta taza de café en medio de la noche, cuántas horas más debería esperar para que la calma llegue entre tantos papeles escritos y tantas colillas aplastadas en el cenicero. Cuántos viajes debería soñar para sentir -en el intento- el viento en la cara y el sol del otro lado de los ojos. Cuántas mañanas de invierno debería despertar, para encontrar las palabras justas, y nombrarte sin decirte, sin saberte...

2 comentarios:

Windflower dijo...

¡Hola! =)
Ha sido un placer leerte, de veras, tus palabras son muy bellas. Me gusta mucho lo que has escrito, porque es muy real. Cuando estamos con alguien no valoramos mucho esos detalles de la relación, pero cuando ese "alguien" se marcha todos esos detalles nos parecen mucho más hermosos y los echamos de menos. Y al final, nos encontramos un día a medianoche con insomnio pensando en todos esos detalles que tal vez no regresarán jamás. Me siento muy afortunada de haber pasado por aquí, he de decirte que tienes un lugar muy bonito y agradable.

Un beso,
Windflower.

(laladronadepalabras7.blogspot.com)

Juan Andres Gianfelici dijo...

Ay pero quién es Manuel, todos tenemos un Manuel? No comprendo así. Je
Au revoir