martes, 10 de febrero de 2015

(...)

Sabía perfectamente que caía en la tentación, y no podía dejar de hacerlo.  Sabía que su piel no podía soltarla, no quería imaginar siquiera el solo momento de no rozarlo, de no acariciar su pelo, contarle los lunares, morderle la boca.

La madrugada con él se volvía corta, necesaria, a mordiscos, prohibida. 


Corría el peligro que se corre en estos juegos, uno de los dos pierde. 

3 comentarios:

Leo Mercado dijo...

Me recordó un poema que pego aquí:

48

la poesía no es un juego
con el que hay que divertirse

la poesía es un arma
que mata
o ama

y en cualquier caso
siempre hay una víctima

Ludmila dijo...

Muy bello

Ale dijo...

Nunca se pierde Sole :)