martes 10 de noviembre de 2009

Estas manos


Para mi caramelo...





Y puedo nombrarte esta mañana,

ausente y sereno,

en el tibio viento de septiembre.


*


Y los días en las manos se me vuelven noviembre
Noviembre y arena, agua,

incluso
a veces

pedazo de cielo


( En estas manos mías


tan tuyas

hoy viste de primavera mi tacto más urgente)


*





lunes 26 de octubre de 2009

De fuego, pies, espaldas, y mejillas.

"Sí, pero quién nos curará del fuego sordo..." Y quién nos curará del fuego de la mañana, y de los silencios que se esfuman como aureolas de tabaco. Quién sabrá entender que una mano es algo más sublime que la mismísima simpleza de una mano, y que con tibieza prosigue al verso deletreado por los labios (en silencio). Y que saberse de memoria la rutina del día y de la noche, no nos salva de la lluvia que persigue a los muebles y las habitaciones vacías. La lluvia que nos moja y no nos vuelve eternos ni nos cree inmortales. Que el tiempo es algo más que los granos de arena, y la sonrisa es tan necesaria como una taza de café por la mañana. Que lo eterno puede ser cada minuto que una mirada tuya logre hacer estremecer una mirada mía, y caer, así, en la sensación volátil de que ya no importe nada más, y que todo está dicho. Quién sabrá si estos pasos y esta espalda y estos ojos pueden curarse con el alba, balbuceando y abrazando un día nuevo por venir, con pocas intenciones y demasiadas utopías. Quién nos curará del sol que por las hendijas entra, sin otra razón que la de iluminar el poco aire y hacer visible el polvo que hace tiempo no escuchamos. Y qué sabrán los pies, la espalda, y las mejillas, de ese calor que sube por la espalda para hacerse ver como figurita repetida de muchas espaldas y muchas mejillas mojadas por la lluvia (de siete mil otoños por nacer en un instante), con un fuego que nos salve, una dulce certeza, y la ternura.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Moneda corriente

Las pocas palabras, el café frío, tu espalda, las ventanas a medio abrir y el polvillo debajo de la cama. Los gritos que retumban de la calle, las cortinas sucias, el cenicero cubierto, los vasos a medio terminar. Las hojas amarillas de los libros, el segundero, las almohadas, el olvido. El olvido y la nostalgia que retumban en la casa como los gritos que vienen de la calle. La promiscuidad, la inocencia, las ganas, la soledad, las miradas. El polvillo que se mezcla con la ausencia que denota el segundero y las cortinas que ocultan la vista silenciosa del pasillo y el último rincón de la casa. La melodía que retumba, las pisadas que retumban, las voces de los libros que retumban. Los nombres como remolinos, las piedras, los lápices, las vendas en los ojos, y tus manos (lo sublime). Los discos, las monedas, las paredes blancas, los cuadros desprolijos, el sexo, las baldozas que respiran inercia. La alfombra, las migajas, el peine, las goteras, y el último -siempre el primero- de todos los besos. Las sábanas, tu pelo como un simulacro, y las cenizas.
Tanto mundo que pretende entrar y salir del olvido como moneda corriente, y sin permiso.

jueves 27 de agosto de 2009

Rutina[riamente]

Se levantó como todas las mañanas en que el sol se dibuja entre nubes sin la claridad suficiente. Dejó sobre la mesa las cuatro estaciones, los pañuelos, los libros. Deseó un día sin demasiadas tonalidades ni presagios, pero con el tinte justo para escribir algunos versos que hagan habitable el invierno y la mañana. Deseó no repetir el error del café y la tostada, las medias al revés, el agua fría. Transcribió algunas palabras sueltas, se dispuso a sentir la sensación volátil y efímera de hacer encajar vocablos, de hacerlos nacer, de hacerlos morir. Volvió a desear no repetir errores, mientras caía en ellos, una y otra vez, casi paralelamente al café y la tostada, cambiándose las medias, contemplando la ventana, dibujando entre líneas -casi invisiblemente- las curvas de los tallos y las hojas, repitiendo la melodía insoportable, acomodando un poco el nuevo día entre efemérides y tristes noticias de la radio.

jueves 23 de julio de 2009

Cotidianos

Resbalar en los jardines, meter los dedos en la tierra y apretar las mañanas hasta sentirlas. Creerme flor de un día frio de julio y perfumar la almohada y el invierno. Regalarte brisas, besos, versos y toboganes en medio del jardín. Leerte los libros que otros escribieron y llenarte de miel y excusas para volver a sentirte otra mañana. Sentir que todo esto tampoco tiene sentido, y que las palabras rasguñan, y que las vocales no encajan. Pero igual inventar el abrazo y la utopía, desvestir las bocanadas de humo para dibujarlas en las sábanas y los amaneceres. Y volver a llenar de excusas los besos y las miradas para pintar incansables suburbios cotidianos en tu piel.

sábado 11 de julio de 2009

Las palabras me hacen trampa.

Vomitar las palabras. Romperlas, triturarlas, juntarlas, volverlas a romper. Hacer de las palabras gritos desesperados, otoños, abrazos. Triturar las palabras hasta que sangren, hasta que se oxiden, hasta que lloren. Llevar las palabras hasta el silencio, hasta la humedad de una boca reseca de silencio. Vomitar las palabras desde las manos hasta los pies hasta ser piel. Regalarte las palabras que todavía no he escrito, y dejarlas sangrar por el costado de la ventana hasta llegar a tu cama. Que sangren, que se oxiden, que vuelvan a morir y a nacer tantas veces, como tantas veces decir la palabra que no debo o debería... o decir cosas sin sentido (como estas), y sentirme un poco tacto y otro poco loca, y seguir caminando. Caminar y buscar más palabras para regalarte y para regalarme. Ir en busca de palabras estufa, palabras abrazo, palabras almohada. Ir en busca del nacer de nuevas sílabas y letras para llevar a tu ombligo... y dejarlas caer por el pliegue de tu cintura. Escribir sin sentido palabras y más palabras que completen las noche a solas entre colillas y hojas a medio escribir. Hay momentos en que faltan las palabras. Tanto faltan que las mataría, las rompería en mil pedazos y las volvería a armar. Y eso tampoco tiene mucho sentido. Sería algo así como buscarle el sentido a verte dormir y no encontrar una puta palabra de madrugada que lo describa, algo como buscarle el sentido al nudo en el estómago, al cordón salido de la zapatilla, al micro que llegó tarde, al banco de plaza vacío, al teléfono que no suena, al frío en las paredes, a las servilletas y los pañuelos en un bolsillo, o a la forma casi febril de caminar por la calle contando baldozas.
Hubo momentos que fue más fácil escribirlas, otros decirlas, y otros -como hoy- que sólo podría ahogarlas en silencios que las hagan renacer. Y así tener las palabras para secarte los ojos y decirte que hay que mirar para adelante y seguir, para darte esperanzas, para amarte una y otra vez y no buscarle demasiado sentido al paso del tiempo.

jueves 18 de junio de 2009

Algunos días habitada, y otros tantos convertida en puntos suspensivos (como manchas de tinta china en los papeles). Habitada y repleta de manos y voces y pies y bocas y miradas y pasos. Cómplice de puntos suspensivos de una línea que se plasma al costado, una línea que dibuja pequeños grandes susurros y algunos silencios. Pequeñas bocanadas de aire en donde los días se vuelven hoja en blanco (y ya no hay nada que gritarle al espejo).

viernes 5 de junio de 2009

CARTA ABIERTA

Mi nombre es María Soledad Di Pasquale Sánchez, tengo 22 años, y soy de la ciudad de Santa Fe.

El domingo 24, a las 9 de la noche, me asaltaron. Me robaron el morral... que sólo tenía $12 y muchas cosas de valor (pero para mí, no para ellos). Me molieron a golpes. Me hicieron mierda. Me azotaron la cabeza tantas veces contra el piso hasta sacarse las ganas, y me ahorcaron con una bronca como si yo fuese su peor enemiga. Y si la tira del bolso no se cortaba, estaría bien muerta de un sólo golpe más de la nuca contra el cemento. Todo por un bolso, que si me lo pedían se los daba, si me lo pedían les daba las zapatillas, la remera, el jean, lo que querían. No era necesario que me peguen, no era necesaria tanta violencia y no era necesario venirme por atrás, sin decirme una palabra, directo a pegarme y arrastrarme por la vereda de cemento.

Yo defiendo a los pibes, y siempre lo hice. Siempre dije que la culpa es del Estado, de la marginación, de la discriminación, del hambre, de la falta de educación, la desigualdad, la explotación, de la lucha maldita que existe entre las clases. Siempre luché porque las cosas cambien, siempre traté de hacer lo mejor para todos... ¿Y ahora? ¿Mis Derechos Humanos adónde están? Esos dos flacos, bien drogados, están sueltos con mis cosas, con la dirección de mi casa, mis llaves, mis recuerdos... Y hasta con mi dignidad y mis ganas de seguir luchando por cambiar las cosas. ¿De qué carajo me vale a mi decir que hay que luchar por los pibes, si hasta haciéndolo vienen y me dejan molida a palos, tirada en la cama hace más de una semana sin poder moverme, llena de moretones, con la columna hecha pelota, haciendo rehabilitación, y cargando con un corset durante todo el día para que los dolores no sean más agudos?

Y me sigo preguntando ¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? Si la policía se me cagó de risa en la cara. En los hospitales te ponen un calmante y andate para tu casa nomás... ¿Y ahora? ¿Y ahora cómo carajo salgo a la calle a hacer mi vida como hasta hace una semana? ¿Y ahora cómo creo en la gente? ¿Y ahora como puedo seguir pensando que se pueden cambiar las cosas y que los pibes pueden salir de esa mierda? ¿Cómo voy a pensar eso? Si a estas alturas, lo que me pasó me lleva a pensar que no les importa nada, ni siquiera educarse. Y sí, son víctimas. Y sí, apoyo los Derechos Humanos... pero apoyo los DD HH de TODOS.

No sé qué esperan, no sé hasta cuándo, ni hasta adónde piensan llegar con esto. Que no me digan que las cosas van a mejorar. Que no me digan nada. Yo no creo que haya que salir a matar, no es la solución y sería caer en pensamientos tan arcaicos (aunque no tan lejanos) de tiempos oscuros ya vividos. La solución es unirnos y empezar a cambiar las cosas pero desde la base, desde el vamos, desde la honestidad y el verdadero sentimiento de ciudadano soberano, el verdadero sentimiento que debe hacernos sentir la "democracia" en la que "estamos". Tomar conciencia, tomar conciencia de lo que somos y que estamos para hacer valer nuestros derechos... desde el pan, hasta la educación, hasta caminar por la calle sin miedo.
Ahora a seguir, como carajo se pueda. Y a tragarse el miedo bien adentro, lo más adentro posible, porque LAMENTABLEMENTE HOY nadie cuida a nadie, y nadie ayuda a nadie.

Grité como si me estuvieran matando (y de hecho pensé que lo harían) y no salió NADIE a ver qué pasaba. Qué buena nuestra gente... nuestra Argentina solidaria... qué buena.

¿Me cansé? de ser la ¿ilusa? que siempre defendió los Derechos Humanos, que siempre defendió la libertad, que siempre defendió a los que menos tienen, que siempre defendió a los pibes que no tienen la culpa de la vida de mierda que tienen. Y si, no tienen la culpa. Pero yo tampoco la tengo, ni la tuve. Porque no vivo en la abundancia, estoy desempleada, vivo sola con mi madre que está jubilada por invalidez (y si nos ponemos a hablar de la vergüenza de las jubilaciones ya entraríamos en otro tema para indignarse).
Soy estudiante de Comunicación Social de la UNER, me paso los días tomando cuatro colectivos para ir a estudiar a Paraná, y me rompo el alma para poder tener las herramientas necesarias para poder empezar a cambiar las bases del país que nos dejaron algunos varios vende patria y asesinos, y ni hablar del matrimonio simbiótico que nos intenta manejar como títeres, basándose en la total incoherencia, que se burla de la educación otorgando presupuestos universitarios avergonzantes, que se burla de los viejos, que se llenan la boca hablando de autores intelectuales como modelos a seguir que lejos están de las acciones que la dupla realiza.

Así estamos. Pero SI sé que hay que seguir, y aunque AHORA me sienta dolida y cansada, y llena de impotencia... ESTOY FUERTE PARA DECIR QUE la única forma de cambiar nuestra Argentina, la del pueblo, es no callarse, es no bajar la cabeza, es salir a la calle, terminar con la violencia, seguir llenando plazas, y por sobre todo, RESPETANDO al otro como igual.

jueves 14 de mayo de 2009

De mañanas, texturas y rincones

A veces pienso si las texturas de tu piel se parecen más al silencio o a las metáforas. Si los versos que recorren tu espalda se derriten al rodear tu cuello, o si permanecen inmutables ante el absurdo del mañana al que tanto le temo. Y pienso si tu boca puede nombrar más mañanas que tardes, o si el reloj te repite sólo tibios modos de interpretar y vivir los rincones de la casa. Si tus manos frecuentan los recuerdos o si tus bufandas conservan el aroma al invierno (prohibido) del año que pasó. Y te imagino tantas veces dibujando círculos y hojas en el papel, al costado del teléfono. Y las texturas, y las metáforas, y las mil veces manos y mañanas entre tu piel y el absurdo del reloj... entre las letras de lluvia de tu nombre.

lunes 20 de abril de 2009

Como el silencio...


Las mejillas de Manuel se parecen al silencio. Se dibujan en mis manos como amaneceres, como pétalos, como fotografías amarillas.
Manuel se desviste en el aire, y en su paso va dejando atrás los olores y las noches cargadas de hastío y borracheras.
Manuel se vive y se deja vivir en penumbras, entre sábanas.
Manuel es el silencio, y yo, en su costado más imperfecto, intento ser crepúsculo para sus alas rotas.

martes 24 de marzo de 2009

A 33 años... NUNCA MÁS!


NUNCA MÁS!


NI OLVIDO NI PERDÓN!
JUICIO Y CASTIGO!




"Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida nada mas que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos

Si los nuestros quedaron sin abrazo
la patria casi muerta de tristeza
y el corazón del hombre se hizo añicos
antes de que explotara la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos

Cantamos por que el río esta sonando
y cuando el río suena, suena el río
cantamos por que el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

cantamos por que el niño y por que todo
y por que algún futuro y porque el pueblo
cantamos por que los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

Si fuimos lejos como un horizonte
si aquí quedaron arboles y cielo
si cada noche siempre era una ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por que cantamos

Cantamos por que llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y por que no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza

cantamos por que el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos por que creemos en la gente
y por que venceremos la derrota

Cantamos por que el sol nos reconoce
y por que el campo huele a primavera
y por que en este tallo, en aquel fruto,
cada pregunta tiene su respuesta."

martes 10 de marzo de 2009

[...]

Esta mañana desperté entre las sombras húmedas que se esconden en las sábanas. Entre las siete palabras que gritaste contra la pared y la puerta, y que me tajearon la cara con el filo del silencio. Esta mañana desperté durmiendo con el fantasma que me colma, a veces, entre sueño y sueño, y me invita a no sentir la respiración de las huellas que intentan ser entre tanta hiedra y tanto barro.
Desperté con la cara hinchada, arrugada, impresentable, dirían las vecinas fisgonas de la esquina. Impresentable la soledad que me acompaña a la panadería, a la despensa, al quiosco. Impresentable reconocerla en el espejo con su vestido de viernes por la tarde. Impresentables modos de interpretar el día y la noche, después de amanecer entre los gritos y los silencios que me sacuden entre las paredes.

martes 3 de marzo de 2009

Las soledades de Manuel

Manuel tiene los ojos redondos como dos lunas. Y, de vez en cuando, intento verme en la vereda en donde el sol no pueda cegarlo. Manuel me regala los crepúsculos que no les sobran, y destila mis palabras del otro lado del río para que no duelan. Manuel juega con sus manos dibujando círculos de eternidades definidas y soledades inmutables. Esas soledades que se te pegan a la mejilla junto con la almohada al levantarnos cada mañana. Esas soledades que te despintan las uñas de los pies y te trenzan el ombligo con hilos de cobre. Son las soledades de Manuel, y las mías. Es la vida de Manuel, y la mía. Porque Manuel tiene los ojos redondos como dos lunas, y las comisuras como dos semillitas de higo, donde podemos dejar la soledad en el perchero cada vez que sonreímos entre vinos y silencios. Manuel y yo caminamos abrazados a la soledad por los pasillos de la casa, esos que dan al jardín donde jugamos a ser libres y nos dibujamos entre las margaritas. Los pasillos y el jardín tienen olor a Diciembre y un poco a Enero. Las vocales de Manuel también tienen aroma a Diciembre y un poco a Enero, y me saben a néctar, a soledad húmeda, a las margaritas del jardín. Las vocales de su nombre me desnudan cada mañana a la hora del café, y me visten de espuma cada vez que mi soledad intenta desnudar la suya.

martes 17 de febrero de 2009

leunaM

[...]


Miércoles 30 de diciembre

Colgué el cuadro arriba de la cama. El de las flores lilas y azules, que me regaló Manuel. Si vos supieras, changuito… Las paredes blancas le otorgan la música que las flores merecen, y tu sonrisa se imagina bailando entre las manchas de humedad del techo y las cortinas amarillas. “Serás por siempre imán de imágenes”, decía el cronopio. Serás por siempre, Manuel.



Jueves 31 de Diciembre

Manuel. Es año nuevo y Manuel. Y qué lindo que suena Manuel… Manuel… Manuel… saliendo de los labios.

Hoy va a ser otra noche de besos y abrazos con olor a sidra y pasas de uva. A las doce el brindis por un año mejor, y por el olvido. Hay tanto olvido dentro, Manuel. Tanto olvido de gato sobre las tejas y sábanas manchadas en otoño.


[...]